Una historia de fantasmas, una historia del tiempo

El año pasado, David Lowery nos regaló uno de los filmes más osados de los últimos tiempos. Es, literal, la historia de un fantasma, encarnado por el actor Casey Affleck, contada desde el punto de vista del fantasma, siendo testigo de cómo todo lo que dejó en vida lo termina dejando a él.  

 

 

Es osado porque, para empezar, el fantasma que protagoniza la historia es una sábana blanca, que puede ser interpretado por cualquiera y no necesariamente por un ganador del Oscar (sin demeritar el trabajo de un fantasma, por supuesto). Y es osado porque la trama podría resultar muy simple y, vamos, irrelevante.

Casey Affleck

 

La película inicia con C y M, un matrimonio formado por Casey Affleck y Rooney Mara, respectivamente. Lowery nos introduce un poco hacia la vida de la pareja (lo suficiente para saber que se trata de una relación estable) antes de matar a C en un accidente a tan sólo unos metros de su casa. A partir de ese momento, dejamos de ver el neutral rostro de Affleck pues se convierte en sábana, y así es como inicia la verdadera historia que Lowery nos quiere contar.

Con una fotografía maravillosa, un gran uso del sonido (los silencios sobre todo), la película “A Ghost Story” nos obliga  a pensar en la pérdida, el duelo, la espera y la incapacidad de soltar. El fantasma de C se convierte en testigo del duelo de M, su esposa, al mismo tiempo que vive su propio duelo, por todo lo que ha dejado y que con el tiempo también le abandona a él.

Los diálogos son muy pocos, y esto, para algunos espectadores, podría resultar tedioso. Sin embargo, es una de las maravillas de la película: la verdadera historia está en la cinematografía. Me vienen a la mente muchas escenas de las que quisiera escribir pero no lo haré por temor a revelar mucho. Solo puedo decir que son hermosas de sus silencios y sus ángulos y, bueno, no necesitan nada más.

No quisiera irme de aquí sin hacer una mención especial a la canción que acompaña la trama: “I get overwhelmed” de Dark Rooms. Es la música ideal para acompañar la historia: un himno maravilloso que no puedo dejar de escuchar desde que vi “A ghost story”. De verdad, parece que estaba destinada a acompañar esta película, el contorno perfecto de esta figura fantasmal.

Tampoco puedo dejar de pensar en la frase de David Foster Wallace: “toda historia de amor es una historia de fantasmas”, y es que Lowery vino a probarnos que sí, toda historia de amor se compagina con una de fantasmas, y también es una historia sobre el tiempo y el recuerdo, como lo dice uno de los invitados a la casa de nuestro espectro de sábana: “hacemos lo que podemos para asegurarnos que seguimos presentes después de habernos ido”.

 

David Lowery

Vale la pena ver la película una y otra, y otra vez. Vale la pena reflexionar sobre todos los sentimientos que nos recorren el cuerpo en cada movimiento de nuestro fantasma: la angustia de ser abandonado, la desesperación de no poder consolar al ser amado, la tristeza y el miedo de saberse solo. Incapaz de comunicarse, el fantasma recorre el espacio del que no puede huir, hasta que finalmente puede soltar. Porque al final todo se resume a eso: a aprender a soltar, a dejar ir con el tiempo.

Deja un comentario