U2, indescriptiblemente mágico

Fotografía: Chino Lemus

Texto: Lizzy Zubieta

Es casi imposible sentir el arrebato de las emociones juveniles una vez que se alcanza la adultez, pero si de pronto nos enfrentamos ante un detonante inesperado y esas antiguas sensaciones se disparan nuevamente, la experiencia resulta desbordante y sobrecogedora. Un aroma o el sonido de una canción, pueden hacer magia en nuestro ser y transportarnos y envolvernos de una manera impresionante, y qué mejor que un concierto para despertar emociones que creías extintas.

La cuestión es que U2 no ofrece conciertos, obsequia experiencias de vida mediante la construcción de un universo paralelo que te priva por un momento de la realidad pero extrañamente la mantiene latente al mismo tiempo. Después de vislumbrar cuatro sombras caminando hacia un escenario alterno, los acordes marciales de “Sunday Bloody Sunday” escaparon de los músicos para dar inicio a su regreso al país azteca, luego de siete años desde su última visita.

El agradecimiento por estar esa noche reunidos era mutuo y Bono, líder de la agrupación, así lo expresó : “Han sido semanas muy difíciles para México, así que muchas gracias por estar aquí. Estamos honrados de estar con ustedes y queremos serles útiles… también queremos tener una noche épica de rock and roll y dejar todo atrás” , entonces “Bad” inundó la noche, siendo uno de los momentos más fascinantes de todo el recital cuando las luces del lugar se apagaron a petición del vocalista y entre el público refulgían encendedores y teléfonos celulares, entonces Bono dijo “En México siempre veo las estrellas brillar”

Después del set que incluyó temas como “New years day” y “Pride (In the name of Love)”, el cuarteto se situó en el escenario principal para conmemorar finalmente el trigésimo aniversario del álbum que los posicionó mundialmente, The Joshua Tree, que fue tocado en su totalidad y acompañado con maravillosos gráficos que acentuaron la magistral interpretación de los irlandeses.


La química entre la agrupación y el público fue cercana, especialmente por la calidez y empatía que mostró su líder en cada momento. Fue un espectáculo muy emotivo que rebasó expectativas, aún cuando U2 es sinónimo de garantía. Es sorprendente la dedicación que se otorga a cada elemento que comprende el show. Cada simple detalle rebasa lo ordinario y trastoca de manera muy especial a su espectador, es una experiencia que va más allá del poder de la música.

Estar enfrentado ante una leyenda que es especialista en humanizar de forma infinita el rock, te sitúa en un estado emocional sensible que te lleva a través de un torbellino de emociones en donde experimentas el arrebato de una gran pieza de rock como “Bullet in the sky”, así como la suceptibilidad que te orilla a un llanto emotivo.

Después de un primer encore, la banda regresó con dos temas clave: “Beautiful day” y “Elevation”, ambos provenientes del All that you can’t leave behind. Después, “Vértigo” llegó como un gran momento cúspide que elevó la energía de las 65 mil personas reunidas.

Bono no dejó pasar ninguna oportunidad para demostrar su amor por nuestro país. Comentó que mexicanos e irlandeses somos iguales porque hemos atravesado situaciones difíciles y aún seguimos de pie: “somos guerreros”, expresaba orgulloso. Tema tras tema valoraba algo distinto y entonces otro momento a destacar llegó con “Ultraviolet (light my way)”, en donde compartió que es una canción que escribió para la maravillosa mujer con la que comparte su vida, así que quería dedicarla a todas las mujeres que estaban presentes esa noche y a todas aquellas que habían apoyado en las labores de apoyo de los eventos sísmicos que impactaron contra CDMX el mes pasado y entonces, los profundos acordes retumbaron y ante las miradas extasiadas de todos los presentes, las imágenes de Sor Juana Inés de la Cruz, Frida Kahlo, Salma Hayek, Carmen Aristegui, entre otra decena de mujeres impactantes que han habitado el arte, la música y la escritura, se proyectaron en la pantalla, creando un aura bastante emocional en donde se percibía el inminente final.

“One” llegó para aumentar la emotividad que embargaba el espíritu de cada persona reunida, quienes estaban agradecidos por la larga estadía del cuarteto en el país y sobre todo, por una noche mágica en la que más que olvidarse de lo que aqueja la vida, se tuvo la oportunidad de valorar lo que representamos como nación. Después de una gran ovación, el líder del cuarteto expresó “Ese es el mejor sonido del mundo”…