Stephen King, Mr. Mercedes y yo

Las aficiones se adquieren sin darse cuenta; se van alojando en las personas por azar o por coincidencias de la vida. Una de las mayores que yo tengo a través de los años, ha sido mi gusto por leer. Todo comenzó con una clase de literatura en la secundaria, dos libros se quedaron grabados en mi memoria y me hicieron buscar algo más para leer por mi cuenta, esas obras fueron “Te beso buenas noches” de Aurora Correa y “A veces soy un Jaguar” de Liva Willens. Ambos libros con historias de niños desafortunados tocaron una fibra sensible dentro de mí.

A esa edad me acerqué a la pequeña colección de libros que había en mi casa, donde habitaban muchos clásicos (aunque a los 14 años no sabía qué llamaría mi atención) y elegí el camino del suspenso y terror. Un género que he recomendado a muchas personas para iniciarse con el gusto por la lectura, puesto que esta clase de historias normalmente tienen narrativas con buena velocidad y guardan mucha intriga y riesgo en cada página, excelentes para comenzar a echar a volar la imaginación. Los libros que elegí en aquella ocasión fueron “Drácula” de Bram Stoker, “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson, “Frankenstein” de Mary Shelley y “Los Casos de monsieur Dupin” de Edgar Allan Poe. Con esas guías avancé como lector voraz que fue eligiendo otros derroteros, pero nunca dejé de lado la sección de terror y suspenso, libros que en manos de un maestro del género se convirtieron en mis favoritos.

Me refiero a Stephen King, un genio que he reverenciado desde que leí “Pet Sematary” (el título lleva errores ortográficos a propósito, pues se supone que es un letrero que escribieron chicos con pocos conocimientos sobre escritura) y a partir de ese momento, toda mi vida he sabido elegir lo mejor de su lectura y me he enfrascado en sus páginas por horas.

No he leído toda su obra, hay historias que se conocen a través del cine de objetos de terror como un perro, un carro o una habitación que sinceramente no han llamado mi atención lectora, pero todo lo que he tenido el gusto de leer me ha llenado de satisfacción. Y es que Stephen es un genio y sus personajes memorables.

He disfrutado desde la chica con poderes sobrenaturales que ha sido llevada al límite por sus compañeros que abusaron de su confianza en el baile de graduación (Carrie), hasta la ciudad llena de personajes misteriosos y fuerzas que solo pueden ser obra de Vampiros (Salem´s Lot); el desempleado que va con su familia a cuidar un hotel que engendra personajes tenebrosos que solo pueden ser enfrentado por un chico con algunos dones especiales e incluso la “The Shining y Doctor Sleep”. Existe otra historia de un niño que al despertar de un coma puede ver eventos futuros cercanos (The Dead Zone).

El primer libro que leí de King era sobre un lugar que tiene el poder de volver a la vida lo que se entierra en él (Pet Sementary). El ingenio del escritor creó un personaje que vive de los miedos de los chicos encarnados como sus peores pesadillas (IT). También es de su autoría la historia de la enfermera que salva de la muerte a un accidentado escritor que resulta no haber escrito la novela final de una saga al gusto de esta humanitaria señora (Misery).

Y podría continuar con todas las tramas y sinopsis de libros tan increíbles, creados de una mente tan ingeniosa como siniestra que parece no tener final pero, que ha establecido conmigo, una conexión de escritor-lector que muchos pueden desarrollar con otros escritores, músicos, actores, directores, pintores o artistas en general. Esa relación incluso tiene anécdotas graciosas y dignas de contar como la siguiente:

Yo he sido un asistente frecuente a la FIL desde su edición del 2001 y desde entonces realizo una lista de libros que deseo adquirir (además de los no contemplados) pero lo que no tengo es dinero ilimitado. En su edición del 2008, prácticamente había terminado de hacer las compras y me quedaba dinero para un libro más y en el Stand de Random House Mondadori estaba Ken Follet (uno de los escritores favoritos de mi papá) firmando libros, en especial su última novela de entonces “Un mundo sin fin”. Yo decidí comprar el libro y llevarlo a firmar para regalarlo a mi padre, pero ya avanzada la fila vi un estante con las novelas de Stephen King y entre ellas estaba “It” que no se había editado en español en mucho tiempo.

Me encontraba en una encrucijada, el libro autografiado de Ken Follet o mi novela tan deseada de Stephen King y digamos que me salió el lado egoísta y escogí al Payaso Penywise.

Así es la relación que se ha creado con un Stephen, al que sigo en redes sociales y que hace dos o tres años decidió sacar una novela negra o policíaca, ese género de detectives que también me fascina gracias a la saga de Paco Ignacio Taibo II que vio nacer a su maravilloso detective Belascoarán Shayne, y en la que ahora Stephen incursionaba con “Mr. Mercedes”, pero que debo decir que sentí un poco de recelo al intentar leer algo que no era la esencia de King. Qué errado estaba.

La novela es un ejemplar digno del género, un villano loco de atar, un detective improvisado que sale por estar retirado de la policía y que tiene como co-equiperos a dos personajes improbables. El misterio en las páginas de este thriller mantiene al lector tenso hasta el final, cumpliendo íntegramente su cometido. Una novela negra genial y con tan buenos resultados que King ya la está convirtiendo en trilogía, publicando una segunda novela “Finders Keepers” y anunciando una tercera aun sin título.

Esa es la historia de mi relación con Stephen, y tú querido lector ¿estás en una relación con algún artista de alguna clase? Valdría la pena conocer también tu historia.