Nolan sublime: Dunkirk

Hay muchos factores que se necesitan cubrir para que una película épica de guerra pueda ser un producto para todo el público. Una historia de héroes, en especial de aquellos sin nombre que quedan en la mente de un colectivo como aquellos que logran lo imposible; una realidad latente, sin pintar ni dejar de lado la imagen común de las guerras: la muerte y la crueldad de los humanos; una fotografía impecable que capte desde sombras en el mar, explosiones gigantescas, rostros de soldados y tierra que vuela por los aires. Efectos de sonido supremos en los que la música y los silencios también juegan su rol. Todos estos ingredientes y algunos más son los que Nolan utilizó para narrar su nueva película Dunkirk.

De tantas historias que se han narrado o dejado de narrar sobre la Segunda Guerra Mundial, el director eligió contar una que parecería poco probable. La razón es que en las batallas se suelen contar las victorias y no las derrotas y la operación para salvar a los soldados atrapados en Dunkirk Francia, fue en un punto álgido de esta guerra, cuando los ingleses se sintieron tan desesperados que decidieron rescatar de las playas de Francia a los soldados que enviaron para frenar la invasión alemana y por un “colosal desastre militar” (en palabras de Churchill) se tuvo que repatriar a unos 300,000 soldados que en ese momento se consideraba que serían la clave para defender a Inglaterra en su propio suelo.

Lo que llama más la atención de esta historia es el enfoque y el ritmo que le ha dado Nolan. El director eligió no contar en ningún momento el trasfondo de este episodio histórico, sino a dedicarse solamente en una secuencia dividida en tres fracciones de tiempo: una semana, un día y una hora; en tres escenarios: un muelle, el mar y el aire. Con estos elementos narrativos, decide elegir entre pequeños esfuerzos de personajes claves en su relato, en su toma de decisiones morales, elementos patrióticos o instintivos y de supervivencia. Sin recurrir a detalles de crueldad excesiva y acercamientos a muertes hiperrealistas como se utilizan en muchas películas de guerra.

La elección de personajes y actores clave fue muy buena, desde viejos conocidos para él como Tom Hardy y Cillian Murphy, a consagrados como Kenheth Branagh y Mark Rylance y con jóvenes novedosos como el cantante Harry Styles o los novatos Fionn Whitehead y Tom Glynn-Carney entre otras excelentes elecciones, lograron desde sus papeles ayudar a Christopher Nolan a narrar esta historia con grandiosas puntadas dramáticas que son tan necesarias en películas de guerra, en la cual los diálogos fueron excelsos pero a la vez hay bastantes lapsos en los que sin decir una sola palabra, los personajes nos ensordecen con los mensajes lanzados en ese silencio, un trabajo magistral tanto del director como de los actores.

Y hay elementos de Nolan que son su sello distintivo de cada película como lo hizo en sus anteriores trabajos como Inception o la trilogía Batman: The Dark Knight y en Dunkirk parece que ha encontrado su mejor versión y al referirme a estos elementos distintivos de su trabajo por supuesto hablo de los efectos audiovisuales. Las imágenes nítidas de explosiones, barcos, escenas en el mar y la playa y la fotografía en general son para el deleite total de los espectadores y que aunado a una mezcla de sonido perfecta, en la que escuchas cada motor, cada bala, cada ola y que la música a cargo de Benjamin Wallfisch y Hans Zimmer ofrecen una tensión absoluta que se puede sentir a cada minuto que avanza la película han logrado una película épica merecedora de grandes distinciones.

Así que la recién estrenada Dunkirk con todos sus elementos es una recomendación para los amantes del buen cine y que si tienen la oportunidad de verla en IMAX, tómenla, es una experiencia única.

Dunkirk. 2017. Christopher Nolan. Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Países Bajos. Syncopy, Warner Bros., Dombey Street Productions.