Los sismos y las letras

Algunos textos nacieron como pretexto de sus autores para hablarnos del terremoto, fenómeno que funge como representación física de una sacudida de la sociedad misma.

Muchos sabíamos que algo había sucedido en el año de 1985, pero jamás imaginamos la magnitud de la situación de la que nos hablaban al referirse al terremoto sacudió la Ciudad de México en aquella fecha. Éramos conscientes de que había ocurrido un desastre, que muchos habían muerto, y que aquello había dejado una huella que ninguna generación borraría jamás. De lo que no éramos conscientes era de la magnitud del evento, de los sentimientos que invaden al hombre al ver al otro en desgracia, y del significado de los decesos de personas que no conocíamos, pero que habían terminado con sueños rotos y deseos no realizados.

Tras el simulacro anual, volvió a temblar el mismo día, un 19 de septiembre 32 años después. Personas murieron, construcciones se derrumbaron y el pueblo mexicano reaccionó como los jóvenes nunca habíamos visto. Ahora, cadenas humanas retiran escombros de las casas caídas, reúnen víveres en centros de acopio improvisados, y ellos mismos se encargan de distribuir los recursos entre quienes los necesitan. Nunca supusimos la solidaridad de la que somos capaces de alcanzar para ayudar al hermano en desgracia.

Existen dos cosas que debemos valorar. Por un lado está la forma en que hemos sabido salir adelante, con todo y situaciones desabridas que hemos visto en la televisión o que se han difundido por medio de las redes sociales.

Luego del terremoto del 85, hubo quien sintió la necesidad de hablar de aquello que había pasado, ya fuera por medio de testimonios, crónicas del avance de los días o de ficciones en ello inspiradas. Para muchos, esto funcionó y seguramente sucederá otra vez por lo acontecido el martes pasado. Por eso, quiero recordar los textos que nacieron como pretexto de sus escritores para hablarnos tras el terremoto, fenómeno que funge como representación física de una sacudida de la sociedad misma.

Humberto Musacchio. Ciudad Quebrada. Ed. Océano. En este texto se combinan la historia con interrogantes de tono político, mientras que muestra la corrupción de un país destruido, la prepotencia de los gobernantes en medio de la crisis, y la descripción de la conciencia que surgió entre los habitantes tras el fenómeno.

Ignacio Padilla. Arte y olvido del terremoto. Ed. Almadía. Por medio de este ensayo, que fue galardonado con el “Premio Luis Cardoza y Aragón de Artes Plásticas”, Ignacio Padilla revisa la creación artística que se produjo durante el lapso que sucedió al sismo del 19 de septiembre, pues pareciera que los artistas no le dieron la misma atención al hecho como sucede con otrso eventos, por ejemplo el 2 de octubre de 1968. ¿Por qué no se crea arte a partir de la tragedia aquella?

Elena Poniatoska. Nada, nadie: las voces del temblor. Era. Tras los movimientos telúricos (el del 19 y el 20 de septiembre de 1985), la escritora se dio a la tarea de recoger en su libro las historias de quienes por solidaridad se unieron para ayudarse en tareas de rescate, originado todo eso por sentimientos colectivos de salvación y compasión por el otro.

Carlos Monsiváis. No sin nosotros. Los días del terremoto 1985–2005. Era. Dividido en dos partes, en la primera, mediante la crónica, se recogen algunos de los acontecimientos de la sociedad civil posteriores al sismo del 19 de septiembre; en la segunda, el narrador cuenta la época de dolor y sufrimiento de la comunidad marginada.

Estas lecturas nos recuerdan que ha habido quien por medio de la palabra nos ha contado, recordado y hecho (re) vivir lo que aconteció aquella primera vez, hace 32 años. Ahora, por lo ocurrido apenas el martes pasado, justo el día del aniversario, es indudable que suceda nuevamente.