Las letras del amor

¡Ay, el amor! El amor ha sido siempre un tema importante y casi siempre presente en toda manifestación del arte, desde la danza, la música, y hasta en la literatura, el sentimiento ha sido uno de los constantes pretextos de la expresión humana. Está en toda clase de palabra, en el mito, la leyenda y en contextos más cercanos en el teatro, la poesía, la narrativa, y todavía más recientemente en la televisión y en el cine.

El amor es un hecho común en toda muestra del sentir humano. Y es que es innegable que alguna vez hemos recurrido a la escritura de una carta, el envío de un mensaje de texto, hemos compuesto por ahí algún poema o la letra de una canción… hemos hablado del amor en diálogos comunes con nuestros allegados. Y es que el hombre debe traspasar los límites de la individualidad para fundirse y ser uno con el otro. El amor es esa experiencia que se vive y que al no poder ser explicada por la razón da lugar a manifestarse de las más variadas formas.

La literatura siempre ha echado mano del concepto de amor, ese que surge desde que la figuras de “Eros” y “Cupido” utilizaron sus flechas para atravesar el corazón de los mortales para dar origen a la regeneración de la vida. Ya luego se dieron formas diferentes de ver al sentimiento en el mundo de occidente, en el que por un lado se trata sólo de la sensualidad plena, y del otro, de la idealización del ser amado. Ambas concepciones tienen la idea de representar la trascendencia, la búsqueda de la unidad, el complemento del ser, y que finalmente lleve al hombre a escribir sobre otros sentires como la soledad, el miedo, la traición, la imposibilidad, la ausencia, el fin… todos los influjos del sentimiento amoroso. La literatura pasa a ser un medio de expresión de la experiencia afectiva, esa que resulta compleja de explicar, pero que ha producido algunas de las obras más importantes de las letras universales.

El imposible, por ejemplo, es ese amor que vemos en obras como “Las cuitas del joven Werther” de J. W.Goethe o en “El amor en los tiempos del cólera” de Gabriel García Márquez, donde el sentimiento no puede concretarse por situaciones que lo condicionan.

En otras obras como en “El ingenioso Hidalgo don Quijote de La Mancha” de Miguel de Cervantes, el amor idealizado del caballero andante da cuenta de aquel que es inalcanzable hacia “Dulcinea del Toboso”, su amada, pues no hay contacto carnal, y que más que nada nos muestra cómo el “Quijote” solo busca un aproximamiento a la belleza, la felicidad y la perfección, y así alcanzar la trascendencia.

El amor tirano, contrario al ideal, ha sido descrito en las letras de obras donde el amante tiene la necesidad de privar al otro de la libertad; este fue un tópico muy popular del siglo XIX y tiene su más claro ejemplo en la “Casa de muñecas” de Henrik Ibsen, donde el machismo de la época sentenciaba que la mujer no era humana hasta que no entrara en una sociedad masculina. Esta novela sirvió como base en la lucha feminista que comenzó a gestarse por aquellos años, donde el personaje de “Nora” fue el modelo de mujer moderna y libre que buscaba quitarse las cadenas de la opresión del varón.

Un tipo de amor, el sensual, es ese que implica la relación entre dos donde la atracción física y el goce de la belleza están relacionados con el sentimiento, pero que finalmente culmina con la posesión física. Los autores, en ocasiones, han mostrado cómo los personajes buscaron formas de amar engañosas, donde lo único que les interesa es el placer, y aquí valdría la pena recordar el “Burlador de Sevilla” de Tirso de Molina, arquetipo del “Juan Tenorio” que también han empleado otros autores como Lord Byron o Molière.

Durante la época feudal, se habló del amor cortés, donde la dama es aquella a la que se debe respetar y que está llena de perfecciones que la hacen superior al hombre; cuando el amor es correspondido, obedece meramente al goce erótico como retribución y se vive a escondidas, discretamente, como el de “Paolo” y “Francesca” en la “Divina Comedia” de Dante Alighieri, incluso en el “Rojo y Negro” de Stendhal.

“Romeo” y “Julieta” vivieron a la vez dos clases de amor. Por un lado, el recíproco, el que se da entre amantes que se corresponden, pero que no queda libre de dificultades; y por el otro, el amor trágico, donde un evento fatal impide que los amantes se realicen, son víctimas de un destino que no pueden cambiar porque así está sentenciado; el amor se eterniza mediante la muerte.

El amor nunca ha sido indiferente para aquellos quienes le dan su vida a las letras.

Y en estos tiempos adversos, para comprender un poco el amor, las distintas percepciones del mismo, habremos de sentarnos a leer un libro.

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