La mujer, la guerra y la pluma de Svetlana Alexiévich

Leer a Svetlana Alexiévich es vivir esas historias. La escritora bielorrusa pone un gran esfuerzo en que a las narraciones que cuenta no les falte el elemento humano: lo sentimental. Su objetivo es el siguiente: en lugar de contar los hechos históricos, ella quiere saber lo que sintieron y pensaron quienes allí estuvieron.

Así, Alexiévich logra capturar una de las principales características de la humanidad, una que termina perdiéndose sobre todo en los periodos críticos de la sociedad: una catástrofe o una guerra.

Por otro lado, la bielorrusa muestra gran interés en dar voz a aquellos que por una u otra razón no son escuchados. En el caso de “La guerra no tiene rostro de mujer”, Svetlana quiere conocer los testimonios de las mujeres que participaron en el conflicto respecto a la invasión alemana, correspondiente a la Segunda Guerra Mundial.

Ella, quien ha dedicado toda su vida a la investigación periodística, con ese propósito personal de conocer el lado de la historia que nunca se cuenta, dedicó muchos años de su vida a buscar a las mujeres que participaron en el conflicto bélico. La mayoría, en ese entonces, tendría 16 o 17 años.

Alexiévich logra retratar el sufrimiento desde este relato polifónico al que le dedicó años de su vida. El cual, por cierto, en un principio fue censurado debido a la crueldad de algunas escenas que por fortuna fueron recuperadas en la edición de la editorial Debate, del grupo Penguin Random House.

Basta con leer algunas de sus páginas para reconocer el talento periodístico de la escritora: entre líneas encontraremos la paciencia de su trabajo y la necesidad de su alma de conocer las historias silenciadas de esas mujeres. Y desde sus primeras reflexiones nos contagia el deseo de esos testimonios: para la historia del género, la historia del país, de la guerra, de la humanidad.

Sobre todo, la humanidad. No hay palabra que Svetlana haya escrito sin el objetivo de dejar registro de que aquellos que fueron parte de eventos tan trágicos también fueron humanos y también sintieron y pensaron muchas cosas. La historia, como la aprendemos en los primeros años, nos presenta nombres, seres que bien pudieron ser robots. A esto, Alexiévich quisiera poner un alto, y desde su trinchera hace lo posible para evitar la propagación de ese mal.

Quizá una cita resulte suficiente para ilustrarla mejor: “He de ampliar mi visión: escribir la verdad sobre la vida y la muerte en general, no limitarme a la verdad sobre la guerra. Partir de la pregunta de Dostoievski: ¿cuánto de humano hay en un ser humano y cómo proteger al ser humano que hay dentro de ti?”.

“La guerra no tiene rostro de mujer” es un gran ejemplo de por qué esta bielorrusa fue galardonada con un Nobel de Literatura. Es, además, una gran catarsis pues los testimonios reunidos tan delicadamente por Svetlana Alexiévich son capaces de tocar hasta las fibras más sensibles de cualquier persona. Es, en definitiva, un must read, porque además de lo que ya he dicho, es un buen recordatorio de que la mujer, en ese entonces, ya peleaba su lugar en la guerra y en la sociedad. La mujer ya era mujer, vaya, y de la mano de Alexiévich podemos conocer las guerras dentro de la guerra de la que estaban siendo parte.

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