La espera terminó: ‘The Defenders’ está aquí

Primero fue “Daredevil”. Tras el fiasco de Ben Affleck, que el diablo de Hell’s Kitchen llegara encarnado por Charlie Cox de la mano de nuestra plataforma de streaming favorita fue una gran sorpresa para quienes nos gustan los superhéroes.

“Daredevil” fue sombrío desde su primera temporada, con una tremenda carga moral tanto en las acciones de Matt Murdock como del villano, Wilson Fisk alias Kingpin, por cierto, Vincent D’Onofrio se lució en ese papel. Sí, esta primera serie de Marvel para Netflix nos dios lo que ninguna otra producción de dicha compañía nos ha dado: escenas a veces siniestras, no aptas para niños y personajes lúgubres y duales. Más reales, vaya.

Después llegó “Jessica Jones”. La serie de la cínica, ebria y ruda detective maravillosamente interpretada por Krysten Ritter, no tuvo tanto éxito como “Daredevil” pero sí que consiguió una sólida base de seguidores: en parte porque se trata de una de las pocas superheroínas que ha tenido su propia serie, y en parte porque, bueno, ¿cuántas mujeres badass han inundado nuestros televisores? Pues no son suficientes.

Jessica Jones también fue oscura y lo agradecemos. Kilgrave es quizás uno de los villanos más encantadores y macabros que hemos visto en las series de televisión. Fue el complemento perfecto para nuestra detective favorita y estamos muy contentos de que lo volveremos a ver en su segunda temporada.

Meses después apareció el tercero. Ya lo habíamos visto en Jessica Jones y sí, lo amamos. Y por eso Luke Cage necesitaba tener su propio show. Interpretado por Mike Colter, nos atrevemos a decir que de estos tres superhéroes, es el de sentimientos más nobles.

La serie de Luke Cage” sobresalió por la temática racial que estuvo presente en su primera temporada: con guiños a situaciones que se están viviendo actualmente en Estados Unidos, la identidad cultural de los afroamericanos se respiró desde el primer capítulo y el trasfondo político fue imposible ignorar.

Finalmente apareció el inmortal “Iron Fist”. La primera temporada de este joven monje budista pasó por Netflix sin pena ni gloria y muchos la vimos casi a la fuerza. Danny Rand (Finn Jones) fue el más simple e inocente de los cuatro defensores y la serie fue por mucho más aburrida que el resto.

Sin embargo, todo esto lo perdonamos porque tenemos en mente el cuadro completo, que después de una larga espera se estrenó la madrugada del viernes pasado en Netflix: “The Defenders”.

La nueva serie encaja a la perfección con los “shows” individuales de los cuatro defensores: empieza retomando a cada uno desde donde los vimos la última vez y los ensambla magistralmente para enfrentar al gran enemigo: La Mano (con Sigourney Weaver al mando), a quienes ya vimos en ocasiones pasadas y por lo tanto sabemos lo que les depara a los protagonistas.

La reunión de estos cuatro, y poco convencionales superhéroes, nos dejó con un gran sabor de boca. “The Defenders”, al mismo tiempo que mantiene su autenticidad, permite la evolución de cada uno de ellos por separado y nos deja enganchados: ansiosos por ver lo que sucederá con cada uno de ellos ahora que saben de la existencia de los otros, ahora que se han enfrentado a un enemigo más grande que cualquier otro.

La trama se mueve como una ola: crece, primero de forma lenta hasta que siente cerca la orilla del mar y se prepara un gran final: una fantástica pelea y encuentros sentimentales que nos harán gritar y suspirar de la emoción. Las cámaras bailan en las escenas de acción y los colores, siempre de tono oscuro, nos permiten recordar que no estamos viendo una película PG-13 de Marvel (gracias, dios) sino una serie de Netflix que mantiene la libertad de ser más seria, macabra si se quiere, en sus temáticas.

Daredevil se lleva los aplausos, Jessica Jones nos recuerda que sí la extrañamos, Luke Cage no pierde la rectitud que le caracteriza en su camino como solista; y Danny Rand… bueno, él sigue siendo un niño complicado. Con todo esto, “The Defenders” nos ha cumplido y estamos felices. Podríamos decir mucho más sobre ésta pero, para qué arruinarlo. Disfrutemos, que de eso se trata.