Katharine Hepburn, a catorce años de su partida

Este 29 de junio se cumplen catorce años desde que la mítica Katharine Hepburn dejó este mundo. Aún se siente el vacío en la pantalla  de esta mujer tan fuerte, bella y peculiar que con talento y genialidad enamoró a Hollywood y al mundo entero.

Tal vez su estilo de vida, completamente opuesto a lo que solemos conocer sobre el mundo de la farándula, la consagró como esa leyenda distante del glamour pero cercana a la perfección. Fuerte en sus ideales y fajándose a ellos. Una frágil enamorada cercana a la humanidad.

Probablemente una generación de personas jóvenes no sepa la historia de la “Gran Kate”, como fue apodada, pero deben saber que fue maravillosa. Nació en Connecticut en 1907 (hoy tendría 110 años) en una familia liberal. Su padre fue doctor y su madre activista por lo que asistió a decenas de marchas pidiendo por el favor al “voto femenino”. Le inculcaron luchar por sus derechos y por la libertad de expresión, aunque cuando era mayor, no tuvo grandes comentarios sobre aficiones políticas. Apoyó causas como el “aborto como elección” y la “planificación familiar”. Hasta en estas convicciones demostraba su carácter.

Desde muy pequeña, su padre le inculcó desarrollar disciplina en su cuerpo enseñándole a practicar numerosos deportes como la natación y el tenis, los cuales practicaba pasados los 80 años, sinónimo de esa determinación y de su creencia de que el cuerpo y la vitalidad te abandonan solo si tú lo permites.

A los 21 años inició su carrera en Broadway, al mismo tiempo que contraía matrimonio; aunque fue algo que no le emocionaba del todo y lo demostró con un pronto divorcio que la llevó a la consagración de su vida profesional. Aunque en sus inicios estuvo dando tumbos, en 1932 interpretó un papel magistral -incluso despidieron a la actriz principal- lo que le valió su entrada a Hollywood. Al siguiente año, con 26 años cumplidos y apenas en su tercer película, se llevó el máximo galardón de la Academia, al conseguir su primer Oscar como Mejor Actriz por su papel de Eva Lovelace en Morning Glory.

Este premio marcó dos cosas en su vida: la primera, que aunque ganó cuatro premios de la Academia, nunca fue a recoger ninguno de ellos puesto que no le seducían la farándula, el glamour, las alfombras rojas ni nada por el estilo. No le gustaba dar entrevistas ni autógrafos por lo que la apodaron “Katharine la Arrogante”. De hecho, su primer entrevista formal, la ofreció en 1973 con 66 años cumplidos: la vejez la hizo más accesible. La única ocasión que asistió a la ceremonia de los Oscares, fue en 1974 para entregar un premio a un amigo suyo. Ella era así, su carácter y estilo jamás se nublaron por factores externos. La segunda cosa que marcó su primer premio Oscar fue comprobar que la genialidad no está ganada. En esa época siguió rodando películas pero le fue muy mal, de hecho la apodaron “Veneno de Taquilla”, porque varias de sus películas fueron un sendo fracaso. Regresó a Broadway para reconstruir su reputación y en 1940 con The Philadelphia Story reanudó su vínculo con Hollywood y esta vez fue para quedarse.

Siguió actuando y acumulando nominaciones para Baftas y Oscares y no fue hasta su etapa madura que volvió a recibir premios por sus actuaciones en películas que le valieron el nombre de estrella legendaria. Guess Who’s Coming to Dinner?”, una comedia sobre problemas sociales que incluso siguen aquejando hoy en día, le representó su segundo Oscar en 1968. Su tercer galardón lo obtuvo al año siguiente con una sublime actuación en “The Lion in Winter”, compartiendo elenco con Peter O’Toole y Antony Hopkins, en la cual interpretaba a la Reina Eleanor en un papel crucial donde intentaba convencer a su esposo, el Rey, de heredar la corona a su hijo preferido. Su cuarto premio a Mejor Actriz lo ganó por On Golden Pond” ya en 1982 y a la edad de 75 años, donde interpreta a la esposa de Henry Fonda y madre de Jane Fonda, con el trama de un sorpresivo nieto (hijo adoptivo de Jane) que trae cambios positivos en la relación familiar. Ningún actor o actriz ha ganado cuatro premios Oscar como ella, mucho menos esperar que alguno lo haga en la categoría estelar a Mejor Actriz o Actor; es un hito difícil de igualar.

Esa fue la Katharine del cine, la mujer fue otra, pero siempre apegada a sus ideales. No gustaba de maquillaje y vestidos extravagantes. Mantuvo un amorío al que le entregó todo su corazón con el actor casado Spencer Tracy, co protagonista en muchas de sus películas con el cual mantuvo una relación secreta durante 27 años e incluso estuvo acompañándole el día de su muerte, aunque no asistió a los funerales por respeto a su esposa. Era una mujer de amor entregado pero de firmes convicciones y con dos frases describió su relación con el atormentado y alcohólico Tracy “la de un hombre al que nunca pudo haber dejado” y “que sus 27 años junto a él fueron de felicidad absoluta”.

Se retiró del cine, televisión y teatro en 1994. Se han hecho documentales y libros autobiográficos. Su personalidad y talento atraían a todo fanático de la pantalla grande, incluso en 1999 el American Film Institute la nombró la Actriz más importante de toda la historia pero para ese entonces ya tenía graves problemas de salud y destellos de demencia senil por lo que sus conocidos comentaron que no se enteró. Falleció a los 96 años y entre sus frases conocidas siempre dijo que no temía la muerte, que era solo un largo paso y que creía que era mejor que las entrevistas.

Hermosa, inteligente, segura, talentosa… mil adjetivos para calificar a la genial Katharine Hepburn, que dejó tras de sí un legado en el cine y en su manera de enfrentar la fama y los elogios. Su vida fue fiel reflejo de su carrera profesional y como una vez dijo: “Yo siempre quise ser una actriz de películas. Pensé que sería algo romántico. Y lo fue”.