Elvira Sastre: poesía que salva

Sin que parezca mero cliché, ¿quién no ha sentido el dolor del corazón? Quizá sea una sensación pasajera sí, eterna quién sabe, pero definitivamente es parte de la vida, así como la poesía lo es para quienes soñamos con ese amor y hemos sufrido también de él. Motivo perfecto para conocer y leer a Elvira Sastre, quien ha logrado inmortalizar en cada uno de sus poemas tanto la magia del amor como el trágico desenlace que viene después.

Romántica y rebelde, analítica, descriptiva hasta lo hondo, diáfana, misteriosa, cruda, clásica y contemporánea a la vez, la poesía de esta Segoviana de 25 años impacta desde el primer verso a quienes buscan consuelo, esperanza o alegría entre sus letras y palabras.

Quizá no hayas leído sus libros, pero te puedo asegurar que sus escritos los puedes identificar fácilmente en imágenes o pequeños textos compartidos en redes sociales, ya que es una poetisa que se dio a conocer principalmente gracias al boom del internet.

Filóloga y traductora, exitosa y reconocida ya dentro del mundo literario, ella sigue describiéndose como ‘sencilla’ y defiende su lema: ‘la poesía para mí es la vida’.

Publicó su primer poemario de la mano de la editorial Lapsus Calami en diciembre del 2013, ”Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo” y teniendo a Benjamín Prado como el escritor de su prólogo, se abrió camino en el mundo de la poesía contemporánea española. En 2014, ante la incredulidad de la propia Elvira, la importante casa editorial Valparaíso Ediciones (con sede en España y América Latina) la llama para juntos publicar “Baluarte”, libro con el cual comienza a llenar sus recitales y firmas. Al año siguiente se hace presente en más librerías con su antología poética “Ya nadie baila”, el previo perfecto para su más reciente obra: “La Soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida” que vio la luz en diciembre del año pasado.

Sastre es sin duda la joven promesa de la “nueva” poesía, por llamarla de esa manera, esa que no necesita de parafernalia ni adornos excesivos, ese género que parecía intocable y al que antes solo accedían los tocados por los dioses del Olimpo, no, ella es poesía actual, aquella que simplemente es y nos permite salvarnos un poco al tener la suerte de leerla, para así poder conectar y entendernos con lo que ella misma dice de su labor como poeta: ”Yo no escribo: me salvo”.