Daughter para después de la tormenta


No les miento, las mejores canciones de Daughter harían llorar a cualquiera. Tanto sus letras, tan sinceras, como la música, suave y profunda, como si nos jalara hacia el fondo del mar, traen a la memoria de quien les escucha los recuerdos y los sentimientos más inesperados.  

La catarsis que Daughter provoca es producto de la perfecta armonía entre sus tres miembros: la honestidad en la voz de Elena Tonra, la sutileza de Igor Haefeli en la guitarra y el ritmo en la batería de Remi Aguilella. Basta escuchar “Youth”, de su primer disco de estudio If you leave, para entender el valor de este trío británico.

La música de Daughter no tiene igual; se encaja en el alma de manera que cada vez que se escucha es capaz de provocar las mismas sensaciones. Así fue con su primer disco, y se repitió con el segundo, Not to disappear. Canciones como “Numbers”, “Still”, “Human” y “How” retratan emociones difíciles de pronunciar, cosas con las que es muy fácil identificarse, y por eso hay que atesorarlas.

Con su nuevo álbum, Music from before the storm, sucede lo mismo y pese a eso se siente diferente. El asunto con esta nueva grabación es que se trata del soundtrack de un videojuego. Está compuesto por trece canciones, la mayoría de ellas instrumentales y se sigue caracterizando por sus sonidos sombríos: una guitarra tranquila y brutal al mismo tiempo, percusiones fuertes, graduales, desgarradoras.

A diferencia de los otros, Music from before the storm está creado en base a una narrativa: la del juego “Life is strange: Before the storm”. Sin embargo, el mismo estilo de sus dos discos de estudio es seguido en su primer score. Con éste prueban que su música vive aparte: tiene su esencia sin las letras; y no extrañamos la voz de Elena Tonra, cuyas vocales acompañan en perfecta armonía a los instrumentos.

Así, Daughter se luce una vez más. Las cuerdas se entrelazan con el profundo eco de los pedales, y luego son alcanzados por el sonido creciente, palpitante, de las percusiones, creando una atmósfera de sombría melancolía, y que de alguna manera resulta muy tranquilizadora. Como si nos jalara hacia el fondo del mar y después nos empujara hacia la superficie, en calma, como después de una tormenta.